Pollo al… lambrusco

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He estado a punto de mandar al garete el blog.

Estoy bloqueado en la receta de unos “macarons” que no salen ni a la de three. Se me retrasan los posts, y me estreso. Y obviamente no disfuto del blog. Así que pensé: “fuera”.

Y estaba casi decidido. Pero, hace un par de días, creer que iba a dejar el blog fue lo mejor que me pasó. Sacar el blog de mi cabeza me redescubrió varios placeres que, con la presión de escribir, había dejado de lado sin darme cuenta: no tener que planear minuto a minuto la receta, no estar pendiente de las fotos, poder improvisar y, sobre todo, cocinar comida normal – no solamente postres.

Así que el post de hoy es diferente, porque no es sobre un postre. Pero tiene más sentido eso que escribir sobre cosas que te estresan.

Una de las cosas que me salieron es básicamente un pollo al ajillo, pero sustituyendo el tradicional vino blanco por… lambrusco. No era mi intención pero era el único vino que había en casa. (Disclaimer: No me meto en la polémica de si un lambrusco es un vino de verdad o no, considerémoslo un ingrediente más y punto).

Si un día vas a comer pollo ordinario, hazlo así, que no cuesta nada, y tu estomago lo agradecerá.

INGREDIENTES:

  • Aceite de oliva
  • Unos cuantos dientes de ajo
  • Muslos o alas de pollo
  • Caldo vegetal o agua (aunque notarás la diferencia)
  • Dos copas de lambrusco (si puede ser tinto)
  • Especias al gusto (por ejemplo tomillo y laurel)

PREPARACION:

  1. En una cacerola o sartén, echar un buen chorro de aceite, poner a fuego medio y dorar los ajos 3-4 minutos.
  2. Incorporar el pollo y dejar que se haga por fuera por ambos lados. Añadir las especias.
  3. Llenar las 2 copas de lambrusco. Echar la primera a la cacerola y dejar reducir un minuto. La segunda, echarla en ese lugar conocido como “el centro y padentro” en el folklore español, a nuestra salud (me empieza a gustar esta receta).
  4. Incorporar el caldo, pero que no llegue a cubrir el pollo. Dejar hervir e ir dando vueltas al pollo.
  5. Retirar cuando el pollo esté bien hecho por dentro. Serán unos pocos minutos en el caso de alas y unos 20-30 en el caso de muslos grandes. Ir añadiendo caldo cuando sea necesario.

Cuando se retira el pollo, la mezcla de caldo y vino debe haberse convertido en una densa salsa oscura, que por cierto esta buenísima y se recomienda echar por encima. Es bastante diferente de la salsa que se obtendría con el tradicional vino blanco. Descubrimiento interesantísimo.

BONUS:

En el caldo vegetal había un poco de berenjena y calabacín, así que cogí los restos hervidos de dichos vegetales, y los batí con un poco de nata. Sale una crema que, servida en un pequeño bol al lado del pollo, no solo le da un toque funky sino que ademas esta buenísima (dulce), y encima pega con el sabor del pollo.

Foto no hay, pero no hace falta. Esto es un post disfrutado sobre una receta disfrutada.

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