Mes: octubre 2013

Crema de chocolate (o natillas de chocolate)

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¿Qué pasta os llevaríais a una isla desierta? Yo lo tendría claro: un chucho. De los bien refritos y que rebosan crema. Y, si no hubiese, cualquier otra cosa con crema. De hecho, donde se me ponga algo con crema, que se quite todo el chocolate del planeta.

Y aquí es cuando los hooligans del chocolate, los que no son capaces de imaginar la palabra pasta o pastel separada del concepto de chocolate, aquellos de “mejor cuanto más negro”, me abuchean, se indignan y prometen no pasarse nunca más por este blog.

La pregunta es: ¿por qué elegir entre crema o chocolate cuando podemos elegir ambas?

¿Ah, pero eso se puede? Pues sí, y es tan sencillo como hacer una crema pastelera de la de toda la vida y después mezclarla con chocolate fundido. Y esto no es una guarrería sacada de la manga (pastelera): se llama (sorpresa…) crema de chocolate (para qué complicarse la vida) y es la base de muchos postres conocidos, por ejemplo los profiteroles, o de uno de los monumentos de la pastelería francesa: los éclairs. Y de hecho, comida así tal cual, a cucharadas, sabe casi exactamente, o exactamente sin el casi, a natillas de chocolate.

Os dejo la receta gráfica de la Cr-Ch.

crema dechocolate

No es ni una cosa ni la otra, es las dos cosas a la vez. A veces las soluciones a cuestiones complicadas son así de sencillas.

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Muffins ingleses, English muffins o e-Muf’s

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Muffins inglesesMi relación con los muffins ingleses empieza hace unos tres años, en un país de habla inglesa, paradójicamente no Inglaterra.

Alguien, que podría o no haber sido yo, andaba por Estados Unidos (desafortunadamente no por placer). Estados Unidos es muy bonito en las películas. Pero meternos en una máquina teletransportadora que pudiese hacernos aparecer en un lugar aleatorio de ese país… sería jugársela mucho. Tendríamos muchas papeletas de no caer en Nueva York, sino en una de esas pequeñas ciudades  muertas donde solo hay una calle y donde las únicas atracciones son el Starbucks y la Iglesia.

Y por un sitio así andaba ése, que podría haber sido yo o no, buscando algo para cenar. Normalmente, la visión de una gasolinera con bandera del Dunkin Donuts en el horizonte suele pasar desapercibida. Pero en medio de la nada, de noche, con frío, con nieve, y sin aceras por donde caminar… una gasolinera de carretera se ve con otros ojos.

Salí de allí con lo que uno puede salir de una gasolinera: una bolsa de Cheetos, una Pepsi, un helado y, de “plato principal”… un English Muffin de jamón, queso y huevo. Haciendo mucho marketing, incluso se le podría llamar comida regional exótica.

Puede parecer poco refinado. Pero hice el descubrimiento del siglo con el English muffin (en adelante, e-Muf).

El e-Muf, aunque su nombre engañe, no es ningún tipo de madalena, sino una especie de bollo denso y esponjoso, ligeramente dulce. En frío no tiene un sabor muy destacable. Pero, misterios de la naturaleza, adquiere todo su potencial calentado en una sartén y luego untado con mantequilla – combinación insuperable. Sustituye el pan de molde por e-Mufs en desayunos, tostadas y “bikinis” y verás qué agradable sorpresa.

English muffin jamonLo bueno de hacer los e-Mufs en casa en lugar de en el super es… bien, basta con leer los ingredientes del paquete.

Para las fotos, he tomado prestada la receta a Directo Al Paladar, que usa ingredientes que sólo se escriben con letras, no con números como los del supermercado…

Por cierto, a la vuelta del viaje, contando la historia a compañeros que habían estado por allí, me enteré… de que “la cena en la gasolinera” es todo un clásico. Creo que si volviera, repetiría.

Risotto con setas y verduras (MyCook)

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Risotto de setas, calabacin y puerro con MyCook, con vino blanco. Hubo una época en la que solía pensar que “risotto” era simplemente una manera algo más cool de vender  un “arroz con cosas”, una cuestión de branding o de motorbike selling. Y años después, aquí me tenéis, escribiendo una receta de arroz con cosas y llamándole risotto.

Este blog suele tratar de postres, pero también de hacer el geek en la cocina. Hoy dejamos de lado la repostería para explotar lo segundo, a través de uno de los aspectos más geeks de la cocina: los gadgets.

En casa tenemos un MyCook, que de hecho uso en este blog para casi todas las recetas de postres que requieren amasar. Pero en ocasiones también lo usamos para hacer comida normal. Aquí os dejo una receta propia de risotto con setas y verduras, hecho con ayuda del MyCook. O hecho por el MyCook con mi ayuda, según se considere mi nivel culinario…

No hace falta decir que, como informático, me encanta el hecho de que una receta se escriba en forma de tabla con números…

Ingredientes Tiempo Temperatura Velocidad
50g Aceite de Oliva 1 min 120 C 2
50g Puerro 1:30 min 120 C 2
100 g Calabacín
100 g Champiñones
4 min 120 C 2
300 g Arroz 1 min 120 C 2
50 g Vino blanco dulce 1 min 120 C 2
800g Caldo vegetal o de pollo (sobre todo si te sale por las orejas) 20 min 90 C 2

La traca final puede ser añadir un poco de queso rallado. El manchego semi-curado (en lugar del habitual parmesano) le da un toque algo explosivo.

Si alguien piensa “esta receta la he visto yo en alguna parte”, es casi normal. En realidad, está basada en la receta de “arroz con verduras” del PDF que acompaña al MyCook (receta 04). Pero sustituyendo las verduras originales por verduras que nos gustan más en casa. Y el vino blanco por vino blanco dulce. Es otro cambiazo descubierto por casualidad un día que solo teníamos disponible vino blanco dulce.

Y entonces, ¿por qué le llamo risotto a este plato? Es posible que haya aprendido ya lo que es un risotto. O podría ser que simplemente os estuviese intentando vender este post. Os dejo que lo decidáis. Y si para decidirlo queréis probar la receta y ver qué sale, eso que os ganaréis…

180Basics™: El macaron

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Macarons

Vamos a recuperar el tiempo perdido en bombas de azúcar y mantequilla con uno de los estandartes de la pastelería fina francesa, que dicho sea de paso, era la idea original de este proyecto.

Hoy, el macaron (pronúnciese “macagong“).

No se si conocéis el alcance de los macarons en la vida francesa. Para resumir, digamos que los macarons son vistos como delicias tan refinadas que llevarlos a una fiesta produce el mismo resultado que los F. Rocher en las cenas del embajador publicitario. Ideal para subir el caché de uno mismo y bajar el de los demás. Aún más: se considera un postre tan fino y caro que comerse dos en una misma noche podría provocar reojos incendiarios de esos que flambean souflés.

Vamos, que sería una de las últimas cosas que uno se esperaría poder cocinar en casa. Salvo por el hecho de que es facilísimo.

Bueno, facilísimo siempre que se respeten unos parámetros. Ahí donde lo veis, una chorrada como remover la masa con un batidor de varillas en lugar de con una espátula provocar el desastre. #EstoPodriaHabermePasadoAMiONo. Más detalles abajo.

INGREDIENTES

  • 100 gramos de claras de huevo
  • 120 gramos de azúcar “glace”
  • 120 gramos de polvo de almendras
  • 4 cucharadas soperas de azúcar normal

PREPARACIÓN

  1. Montar las claras al punto de nieve, con una batidora (con el accesorio de montar nata), o a mano con un batidor de varillas si no has ido al gimnasio ese día. Incorporar las 4 cucharadas de azúcar (dos cuando las claras acaban de blanquear, dos casi al final).
  2. Mezclar bien el azúcar glace con el polvo de almendra, incorporarlo en las claras y remover con una espátula.

IMPORTANTÍSIMO: ¡Tiene que ser una espátula sí o sí! Y hay una explicación científica para ello. Siempre que he intentado hacer esta receta usando las varillas (ya que estaban a mano), la masa ha salido demasiado líquida  como para poder ser aprovechada. Alguien que sabe del tema me dijo que es normal; ya que las varillas sirven para “liquidificar“.

Es más, me he enterado a posteriori de que el proceso de remover los ingredientes anteriores con la espátula, tiene nombre técnico, y se conoce como ‘macaronage’ (macarronaje) en Francia.  (Es como si al hecho de preparar la masa de la tarta de santiago le llamasemos “santiagaje”.) Dicen que el truco es sacar la espátula de vez en cuando, aplanar la masa y seguir removiendo.

Finalmente, echamos la masa en la manga pastelera y sobre una bandeja con papel de horno hacemos “nueces” de unos 2-3 cm, que luego se convertirán en la “galleta” del macaron.  En un horno precalentado a 165°C, calentamos durante 12 minutos.

¿Y el relleno? Pues mermelada, ganache de chocolate… se pueden hacer de todos los gustos y colores. Yo he hecho un relleno de limón parecido al de esta receta, que por cierto contiene otras sugerencias de relleno.

¿Y el color? Las recetas de macarons que veréis por ahí llevan todas colorante.  Pero dejemos la química para otro día… Prefiero el aspecto incoloro y ligeramente chuchurrido que es la marca inequívoca de lo ‘hecho en casa’…