postres anglosajones

Galletas very americanas (vale, cookies de chocolate y caramelo)

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Cookies o galletas americanas de chocolate o caramelo y nueces

No sé si conocéis al panadero más famoso de la edad media, quizás no, pero es normal; en realidad, nadie sabe quién es. Tampoco se sabe si andaba pensando en sus cosas, haciendo multitasking, o trabajando a destajo. Lo que sí se sabe es que confundió una bandeja de masa sin cocer con una bandeja de masa ya cocida y metió ésta última en el horno. Y lo que salió no estaba nada malo. Nosotros le llamamos galleta (del francés “galette”, que es un tipo de masa) pero él lo llamó por su nombre: biscuit. Que no significa nada más que cocido (cuit) otra vez (bis).

Luego pasaron muchos siglos y en Estados Unidos alguien confundió las galletas con pequeños pasteles y les empezó a llamar cookies (del holandés koekie que significa “pastelito”)La cosa se lió y hoy no hay quien se aclare.

El caso es que las cookies realizan una competencia bastante desleal a las galletas, por ser más grandes, potentes, y  rebosar de ingredientes como chocolate o caramelo… hombre, así dicho es una competencia desleal “comprensible” y de tanto en tanto entran ganas, sobre todo en estas fechas pre-navideñas, de darse un banquete de cookies. 

Receta de galletas very americanas

Añadir los ingredientes en un bol en el siguiente orden, y remover bien. No hace falta obtener una masa homogénea, así las galletas tendrán esa irregularidad y pegotes característicos de las cookies ‘americanas’:

  • 180g de mantequilla
  • 120 g de ‘brown sugar’
  • 1 huevo
  • 180 g de harina
  • 5 g de levadura química
  • 40 g de chocolate rallado al cuchillo
  • Trozos de nueces y/o almendras al gusto
  • Un chorro generoso de caramelo líquido

Luego hacer bolas y meterlas en el horno a 170°C durante 15 o 20 minutos. Dejar enfriar.

Muffins ingleses, English muffins o e-Muf’s

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Muffins inglesesMi relación con los muffins ingleses empieza hace unos tres años, en un país de habla inglesa, paradójicamente no Inglaterra.

Alguien, que podría o no haber sido yo, andaba por Estados Unidos (desafortunadamente no por placer). Estados Unidos es muy bonito en las películas. Pero meternos en una máquina teletransportadora que pudiese hacernos aparecer en un lugar aleatorio de ese país… sería jugársela mucho. Tendríamos muchas papeletas de no caer en Nueva York, sino en una de esas pequeñas ciudades  muertas donde solo hay una calle y donde las únicas atracciones son el Starbucks y la Iglesia.

Y por un sitio así andaba ése, que podría haber sido yo o no, buscando algo para cenar. Normalmente, la visión de una gasolinera con bandera del Dunkin Donuts en el horizonte suele pasar desapercibida. Pero en medio de la nada, de noche, con frío, con nieve, y sin aceras por donde caminar… una gasolinera de carretera se ve con otros ojos.

Salí de allí con lo que uno puede salir de una gasolinera: una bolsa de Cheetos, una Pepsi, un helado y, de “plato principal”… un English Muffin de jamón, queso y huevo. Haciendo mucho marketing, incluso se le podría llamar comida regional exótica.

Puede parecer poco refinado. Pero hice el descubrimiento del siglo con el English muffin (en adelante, e-Muf).

El e-Muf, aunque su nombre engañe, no es ningún tipo de madalena, sino una especie de bollo denso y esponjoso, ligeramente dulce. En frío no tiene un sabor muy destacable. Pero, misterios de la naturaleza, adquiere todo su potencial calentado en una sartén y luego untado con mantequilla – combinación insuperable. Sustituye el pan de molde por e-Mufs en desayunos, tostadas y “bikinis” y verás qué agradable sorpresa.

English muffin jamonLo bueno de hacer los e-Mufs en casa en lugar de en el super es… bien, basta con leer los ingredientes del paquete.

Para las fotos, he tomado prestada la receta a Directo Al Paladar, que usa ingredientes que sólo se escriben con letras, no con números como los del supermercado…

Por cierto, a la vuelta del viaje, contando la historia a compañeros que habían estado por allí, me enteré… de que “la cena en la gasolinera” es todo un clásico. Creo que si volviera, repetiría.

Post invitado: Bundt cake tropical

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DSCF4277El 2011 fue algo así como un año sabático que aproveché para muchas cosas como hacer un curso de escultura, casarme, aprender francés y descubrir el bizcocho que se convertiría en “mi especialidad”.

Os puedo asegurar que este bizcocho es éxito seguro tanto para pequeños y mayores, como tarjeta de visita o cuando recibáis invitados y gusta a todas las nacionalidades.

Creo que cada vez que he preparado este bizcocho me han pedido la receta, y como ya son muchas las peticiones que acumulo me he decidido a compartirla ¡a lo grande!

¿De dónde surgió mi bundt cake de mango y plátano?

Un día viendo la sección de recetas en directo del programa La Mañana de la 1 dirigida por el cocinero Sergio (a través del canal internacional de tve1) me llamó la atención un bizcocho por sus ingredientes exóticos. Me pareció una receta tan fácil y a la vez curiosa que me decidí a preparar uno yo misma. En el momento de prepararlo cambié la versión original de papaya y plátano por mango y plátano.

Darle forma de bundt cake lo hace más especial todavía, no sé por qué, pero resulta muy atractivo a la vista y al paladar.

Aunque esto no es siempre cierto, solo hay que recordar dos escenas míticas en Mi Gran Boda Griega: la sorpresa de ver un bizcocho con un agujero y solucionar el problema colocando una maceta en él.

Ingredientes:

  • 100 ml aceite de oliva
  • 150 gr harina de maíz
  • 1/2 sobre de levadura
  • 100 gr azúcar blanco
  • 3 huevos medianos
  • 1/2 mango maduro
  • 1 plátano maduro (preferiblemente, plátano de Canarias)

Preparación:

Ir incorporando los ingredientes en el orden de la lista en la batidora o robot de cocina (yo uso el MyCook) e ir batiendo hasta conseguir una masa homogénea y sin grumos.

Verterla en el molde (previamente engrasado con mantequilla y harina para facilitar el desmoldado) y meter en el horno, precalentado a 170 grados, durante 40 minutos.

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Servir frío.

Escrito por Isabel, mi mujer, editora de La Vie en DIY.

Lemon cake

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ImageNo, no puede ser. No es posible que esa masa deshecha que se ve en la fotografía sea un pastel de limón comestible. Ni que su creador esté posando triunfalmente a su lado. Y aún menos que se atreva a compartir dicha foto en este blog tan tranquilo, sin sentir ni siquiera media cucharada sopera de vergüenza.

¿Verdad?

[…]

En mi defensa diré que fue hace muchos años, que fue un error de juventud, un fallo de los ingredientes o una negligencia culinaria. En cualquier caso, este post va a resolver una deuda pendiente que, claramente, tenía con los pasteles de limón.

El pastel que va a saldar dicha deuda es una versión simplificada de la tarte au citron francesa, y como tal su nombre no merece ser pronunciado en una lengua que no acepta inexactitudes culinarias, así que le he llamado lemon cake.

Consiste, básicamente, en una base de pasta de galleta (que no llega a ser dura como las tartaletas) y un flan de limón por encima; para decorar, en lugar de usar merengue de las tarte au citron, una capa de azúcar glace, ya que el merengue es trabajoso y, no nos engañemos, lo que está bueno de la tarta de limón es el limón. La clave es que no esté ni muy dulce ni muy ácida. La receta abajo, pero antes el resultado:

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Vaya diferencia. Sólo decir que la tarta de la primera foto no se la comió nadie. En cambio, mis invitados casi me dejan sin probar ésta.

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Receta

  • Para la base, amasar 130 g de mantequilla, una pizca de sal, 150 gramos de harina, 35 gramos de harina de maíz, y 30 g de azúcar glace. En un molde untado de mantequilla y espolvoreado de harina, repartir la masa y meterla al horno a la temperatura de siempre unos 30 minutos (hasta que la masa esté dorada y más bien dura).
  • Para la capa de limón, batir la ralladura de un limón, un vaso de zumo de limón, 6 huevos, 248 g de azúcar, y 40-45 g de harina. Bajar el horno a 150 °C, y echar la mezcla sobre la masa, dejándolo 40 minutos más.
  • Al sacarlo, dejar enfriar y adornar añadiendo una capa de azúcar glace con un tamiz (para dar la ilusión de una capa superior).

Si tenéis un gadget tipo la Taurus MyCook, la masa se puede hacer metiendo todos los ingredientes y dándole al botón “Amasar”, y la mezcla para el flan se puede hacer colocando las paletas  para batir y poniéndolo 1 minuto a velocidad 3 (sin temperatura).

Por cierto, te meterás en un lío si exprimes el limón antes de rallarlo o te intentas comer un trozo de pastel poco después de sacarlo del horno. Por decir dos ejemplos así, aleatorios, que no tienen por qué haberme pasado a mí.

Greenie de menta, el bizcocho creado por error

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ImageEn 1853, para gastarle una broma a un patrón que siempre se quejaba de que sus patatas eran demasiado gruesas, George Crum, un chef de Nueva York, le sirvió unas patatas fritas extremadamente finas e inventó, por casualidad, las chips. Otros ejemplos de casualidades históricas de la alimentación son aquel chocolate que cayó por error al fondo del cucurucho y que hoy está presente en todos los ‘cornetes’; o, el que sin duda más impacto ha tenido en mi vida, es el mito de aquella ama de casa que no le echó levadura al bizcocho y que, sin quererlo, inventó el más famoso de los pasteles que se cortan a cuadros: el brownie.

Variaciones del brownie se cuentan por cientos, pero una muy original y de sabor diferente, inesperado e intenso es el greenie.

El greenie se hace usando té verde en lugar de chocolate, de ahí su nombre. Se hace mezclando los ingredientes de un bizcocho normal, y al final se le echan dos cucharadas de té verde, que le confiere su sabor pero también su color.

En mi caso le eché 3 bolsas de té verde con menta, que era el único que tenía en el cajón. La menta me hizo dudar, pero conociendo la historia de casualidades que rodean a este tipo de postres, tiré adelante. Y el resultado fue el doble de interesante: la menta le transfiere un sabor dulce y potente, y aunque el greenie hereda la textura quebrada y “húmeda” de los brownies, el bizcocho, té y menta se combinan para producir un sabor final que no existe en ningún otro postre que haya probado antes.

Mi grano de arena a los postres creados por casualidad.

Ingredientes

  • 2 huevos
  • 160 g de mantequilla
  • 1/3 vaso aceite de oliva virgen extra
  • 330 g de azúcar
  • 300 g de harina con levadura incorporada (sí, levadura)
  • 3 bolsas de té verde con menta
  • un poco de sal
  • opcionalmente, frutos secos (nueces o piñones)

Preparación: batir todos los ingredientes en un bol, rellenar un molde de masa previamente untado de mantequilla y espolvoreado con harina, y cocer en el horno 35 minutos a la temperatura que todos conocemos.

Muffins neoyorkinos

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Nos rescatan de una isla desierta y nos dan a escoger entre un buffet libre de pastelería francesa y otro de bollería americana. ¿Con cuál nos quedaríamos?

Por un lado tenemos la finura de los hojaldres, la delicadeza de esas masas cuidadosamente cocidas a 123.5 grados, las obras de alta arquitectura decorativa… Por otro lado las guarrerías de chocolate rebosante, las bombas de artillería azucarada y los tamaños desproporcionados.

Yo dudaría.

Eso mismo debía estar pensando cuando, paseando aleatoriamente por una librería, cayó en mis manos aquel libro de postres neoyorkinos. A los pocos minutos el libro estaba comprado y yo en casa haciendo muffins de frutos rojos y de trozos de chocolate.

Hacer muffins es sencillísimo, casi no hay posibilidad de error.  Básicamente hay que hacer una masa batiendo los siguientes ingredientes

31.7 cl de nata líquida
17.4 cl de leche
5 cl de aceite de oliva virgen extra
321g de harina con levadura (reduce aun más la probabilidad de error)
51g de azúcar
1 huevo
un poco de sal

Y ya está, se rellenan los moldes alternando una cucharada de masa con una cucharada del ingrediente de sabor. En mi caso hice 2 sabores clásicos: trozos de chocolate y mermelada de frutos rojos. Mejor si tienes frutos rojos de verdad, pero es lo que había en la nevera. Al menos era bio… Volviendo a la receta, esto es lo que obtenemos.

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La foto muy bonita, pero… se me olvidó untar de mantequilla los moldes para que no se pegara la masa. Hacemos un RESET: vaciamos y limpiamos el molde, untamos de mantequilla y volvemos a rellenar.

Ponemos el horno a 199 grados (o a 200, según nuestras preferencias), 21 minutos, y al poco tiempo la casa se impregna de un olor que convierte las bocas en agua.  Ideal para impresionar a amigos o cuando viene el casero a comprobar el estado del piso. A través del cristal del horno, la cosa tiene buena pinta.IMG_20130414_163939

Y este es el resultado final. No es un Saint-Honoré pero hay veces en las que a uno le apetece un muffin. Nota mental: no ir nunca más a la librería con el estómago vacío.

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