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Mermelada de kiwi

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Mermelada de kiwiPara rellenar el vacío que va a  suponer la entrada de las vacaciones, os propongo una actividad de esas de slow cooking y que solo nos podemos permitir en estas fechas. Quizás  a ojos de muchos no sirva para nada, pero puede llegar a hacer sentir muy bien a uno mismo. Así que  no malgastéis el tiempo veraniego enganchados al smartphone, desconectad inmediatamente (bueno, justo después de leer este post y darle a like) y preparaos para algo más productivo que ver la tele o hacer crucigramas: crear vuestra propia mermelada.

En la receta de la Panna Cotta ya vimos una sencilla manera de hacer una especie de mermelada express: coged fruta, echadle por encima un poco de azúcar y de zumo de limón, llevad a la ebullición y retirad después de 2 minutos. De esta manera obtenemos una especie de “fruta en su jarabe“, es decir, fruta ligeramente confitada que ha desprendido un dulce y colorido liquido, ideal como topping de todo tipo de postres.

Pues bien, la mermelada real no consiste en otra cosa que realizar ese mismo proceso pero a escalas más industriales. Es tan sencillo que esta vez no necesita diagrama de flujo. Simplemente se echa la fruta, el azúcar (como mínimo la mitad del peso de la fruta), y opcionalmente el zumo de limón; se lleva a la ebullición durante 15 minutos, quitándola del fuego y volviéndola a poner varias veces. Esto es para evitar que se pegue, aunque en realidad le da vidilla al proceso y nos hace imaginarnos que somos un chef que se sabe trucos y todo. Una vez despiertos, lo pasamos a fuego lento, y vamos removiendo de vez en cuando. Iremos viendo como, poco a poco, la fruta se deshace y va convergiendo hacia esa textura gelatinosa característica de la mermelada, finalizando su metamorfosis hacia los 45-60 minutos.

Hasta aqui todo muy bien; pero… el precio de la fruta, más el precio del azúcar, más el rato que me he tirado… ¿sale a cuenta? Casi sale más caro que comprar un bote de mermelada en el super.

Yo veo 3 ventajas a hacer uno mismo su propia mermelada.

Primero, que le echas el azúcar que quieres. La mermelada del super tiene más azúcar que fruta (ves y compruébalo), lo cual es casi escandaloso. La que uno se hace tiene el azúcar que uno quiera.

Segundo, que puedes hacer mermeladas de sabores que no existen en el super. Yo he optado por la mermelada de kiwi como se muestra en la foto.

Y tercero, el efecto IKEA: lo único que he hecho es seguir las instrucciones, y encima han quedado algunos defectillos… pero comerse una tostada de mermelada diciendo “la he hecho yo “… no tiene precio.

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