masa quebrada

Tartaleta de crema de chocolate blanco

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Dijo un maestro del jazz que para ser capaz de inventar primero se necesitaba haber copiado mucho. Cuando vi el nombre de esta tarta escrito en una revista francesa de “comidas y vinos” (…sí, existen…), supe enseguida que quería copiarla.

Si os han llamado la atención los ingredientes, o la foto, es que estáis tardando en hacerla. Porque el resultado final supera todas las expectativas.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEl secreto de esta tartaleta es, sin duda, la crema de chocolate blanco. Que se hace calentando medio bote de nata en una cacerola, añadiendo  media tableta de chocolate blanco hasta fundirla y finalmente echando un chorrillo de leche de coco. Luego se puede seguir echando nata, como máximo la otra mitad del bote, si quisiéramos obtener más cantidad de crema. Si en este preciso momento pruebas y sientes deseos de comerte la crema caliente a cucharadas, no tienes ningún problema; simplemente es que la receta va por buen camino.

La nata, si puede ser, que sea la más cara de toda la estantería de lácteos del súper. Y el chocolate, que sea especial para postres, ya que no todos los chocolates blancos funden igual de bien.

Por otro lado tenemos que haber hecho la masa de las tartaletas, que aquí llaman “pâte sablée” y que me han dicho que en español se dice pasta quebrada. La pasta quebrada se hace batiendo un huevo con 100 gramos de azúcar en un bol, y echando esta mezcla en el agujero de un volcán hecho con 250 gramos de harina. Si no haces volcán (o peor, el agujero), te enterarás muy bien de las leyes de la física de fluidos. Nota: esto último podría haberme pasado a mi o no.

Por encima añadimos la ralladura de una piel de limón bio, un poco de sal, y 125 gramos de mantequilla cortada a cubos. Y entonces es cuando hay que amasar.

Tenemos que intentar que esa mezcla que tenemos en la encimera se convierta en una bola de masa homogénea.  Después de un par de intentos, nos costará creer que tal enguarramiento vaya a llevarnos a alguna parte y no podemos imaginar como esa masa inmunda pueda pegarse en ella misma y convertirse en una bola. Entonces coge la masa, tírala  aplástala,  estrújala, toca los bombos en ella; vamos, haz todo lo que se te ocurra, como si pareciera que sabes lo que estas haciendo, y con eso y echando harina de vez en cuando, veras triunfalmente como al final aparece una bola de masa con la misma textura que la que se compra en el súper.

Finalmente extendemos la masa y cortamos trozos redondos que moldeamos en forma de tartaleta. Podemos usar molde de muffins por ejemplo (untados de mantequilla y harina para que no se peguen). Y metemos en el horno 20 minutos.

Es posible que el resultado final te recuerde a montar un mueble de IKEA: el resultado es imperfecto, pero al ser obra nuestra, nosotros más contentos que unas pascuas .

Rellenamos con la crema, aún caliente, y a la nevera unas horas. Decoramos con fresas justo antes de servir. La gracia es que la crema está dulce y buena y no sabe especialmente a chocolate blanco hasta que te lo dicen (y cuando lo sabes te gusta el doble). Por ello, deja que tus invitados la prueben antes de anunciar los ingredientes.  Y, para acabar, les cuentas la frase sobre el maestro del jazz, que por cierto es inventada.

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